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¿Qué hacer cuando no obedece?

Tu hijo es capaz de inventarse mil y una maneras de llamar tu atención con un solo objetivo: que lo escuches. Ahora bien, ¿cómo debes reaccionar tú?

Depende de ti el pararte a descifrar lo que tu hijo está intentando decirte con su llanto, su conducta desobediente o con sus actos de rebeldía. Además, “la mejor herramienta es la palabra”. Los gritos, los castigos, perder los nervios… a la larga son contraproducentes, por mucho que nos desespere su actitud.

No obedece cuando tiene que hacer sus rutinas diarias

“¡Sofiiia, a comeeeer!”. “¡Sofia, hace media hora que te he dicho que recojas los juguetes!”. “Pero Sofia, ¿cuántas veces quieres que te diga que te laves las manos?”. Como le pasa a la madre de Sofia, ¿qué padre no ha tenido la desesperante sensación de hablar solo o de tener un hijo sordo? Aunque no sea un consuelo, pasa hasta en las mejores familias.

¿Cómo solucionar el conflicto?

Con tres o cuatro años, el niño todavía es pequeño y la única forma de inculcarle ciertos hábitos es dar ejemplo. Aprende de lo que ve. Por eso, ten paciencia y en vez de pedirle siete veces que se lave las manos, es mejor acompañarlo al baño y hacerlo con él, todos los días antes de comer. Estas edades, todavía tenemos que ser reiterativos y desempeñar con ellos las rutinas que queremos enseñarles, son hábitos que irá adquiriendo si hacemos de ello un juego y no lo convertimos en un momento de castigo o tensión. Por ejemplo, aconseja jugar a recoger cantando, que en la habitación haya siempre un lugar identificado para guardar cada cosa… Con lavarse las manos u otros rituales de higiene pasa igual, si conseguimos que sea un momento divertido, será más fácil que lo hagan sin problemas.

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