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Reglas para la alberca este verano sin peligro

Para disfrutar del agua este verano sin hacer molesta la experiencia de tu peque y evitar que puedan hacerse daño ellos mismos debemos enseñarles algunas normas.

A la mayoría de los niños lo que más les gusta del verano es el agua: piscinas, playas, ríos, parques acuáticos... Son muchas las posibilidades que tienen para refrescarse un poco y jugar a sus anchas. Y lo ideal es que puedan disfrutar a tope del agua; así hacen deporte casi sin enterarse y se relacionan con otros niños.

Pero el medio acuático también se presta a conductas y juegos peligrosos. Es más, parece que lo que a los niños les divierte es siempre lo más arriesgado para ellos o molesto para los demás. Por supuesto que no podemos ni debemos pretender que se estén quietos; al revés, el objetivo es que puedan jugar a gusto, pero ello no supone correr riesgos ni incomodar a nadie.

Lo mejor es acordar con ellos unas normas mínimas y darles recomendaciones al principio de la temporada. Y no basta con prohibir: hay que explicarles los porqués de las precauciones que tienen que tomar, las posibles consecuencias de sus acciones. En vez de decirles simplemente "¡Dúchate!" o "¡No te tires ahí, que salpicas!", es preferible explicarles, con pelos y señales.

1. Lo primero es enseñarles a nadar y a desenvolverse en el agua con seguridad.

2. Debemos asegurarnos de que las condiciones son óptimas. En las piscinas, hay que observar el estado de las instalaciones. En zonas naturales (playas, ríos, embalses...) cerciorémonos de que son aptas para el baño y no hay corrientes ni mareas peligrosas. Tampoco deben bañarse en aguas donde se practiquen deportes acuáticos.

3. Hay que insistirles en la necesidad de que vayan bien equipados: un bañador cómodo y de secado rápido, crema solar (resistente al agua), gorra (para evitar insolaciones), tapones para los oídos y sandalias de goma para evitar heridas e infecciones.

4. Es imprescindible observar la profundidad del agua antes de zambullirse y evitar tirarse de cabeza si cubre poco.

5. Las entradas violentas en el agua son peligrosas, sobre todo si están acalorados. Para evitar accidentes, deben ducharse antes de darse un baño y, la primera vez, sumergirse despacio (luego, ya mojados, podrán tirarse de golpe).

6. Aprovechemos para inculcarles buenas maneras, porque la diversión no está reñida con el respeto al prójimo. Si en la playa o la piscina rigen unas normas, informémosles de ellas al llegar y pidámosles que las cumplan.

7. Y la regla de oro: nunca deben nadar solos. Un adulto tiene que supervisar sus juegos, siempre. Los chicos deben hacer caso al socorrista, si lo hay, pero no podemos ni debemos encargar en él el cuidado de nuestros hijos.

 

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