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Tipos de berrinches y cómo actuar ante ellos

Todos los papás tenemos miedo a las rabietas infantiles, pero para llevarlas adecuadamente, es importante saber diferenciar qué tipos hay y cómo hay que actuar en cada caso.

Es fundamental conocer cómo funciona el niño

Es fundamental conocer el funcionamiento del cerebro del niño para saber que los niños no siempre actúan con “premeditación y alevosía”, que no siempre nos están echando un pulso de poder. A veces, simplemente, no son capaces de actuar de otra manera pues su cerebro aún no está desarrollado del todo y no tienen disponible la capacidad de gestión y autocontrol de las emociones que, dicho sea de paso, es necesario entrenar, pues si no, se puede llegar a la edad adulta sin haberla desarrollado y esa situación generará más problemas, sin duda alguna, que en la etapa infantil.

Podemos decir que existen dos grandes tipos de berrinches o explosiones emocionales. Se suelen asociar a los niños pequeños entre 1 y 5 años, sin embargo, más adelante también las explosiones emocionales pueden generar bastante desequilibrio en el niño-preadolescente- adolescente y en la familia con la que convive.

Berrinches del cerebro superior.

Los berrinches generadas por el cerebro superior son aquellas en las que el niño decide tener una pataleta como medio para conseguir algo y mantiene el control de la situación. La manera de comprobarlo es decirle que le vamos a dar lo que pide o “amenazarle” con la pérdida de algún privilegio para que inmediatamente pare de patalear o exigir.

Berrinches del cerebro inferior.

Los berrinches del cerebro inferior son aquellas en las que el niño no tiene la capacidad de utilizar el cerebro superior, por lo que actúa bajo “colapso emocional” y no es capaz de tranquilizarse por sí mismo (aún no tiene desarrollado del todo el cerebro y por tanto esa habilidad).

¿Cómo distinguir qué rabieta tiene?

Para saber cómo actuar, lo primero que necesitamos es tener claro ante qué tipo de situación nos encontramos. ¿Cómo distinguir ambos tipos?

La clave es muy sencilla:

En el primer caso, rabietas dirigidas por el cerebro superior, el niño “exige” algo y en caso de no conseguirlo se enfada, grita, llora, etc.

Ejemplos que nos pueden ayudar a detectarlas:

° Estamos de paseo y nuestro hijo de 6 años quiere un helado “ya”, se sienta en el suelo y se niega a avanzar.
° Nuestra hija de 10 años quiere un celular “a toda costa y ya” porque “todas” sus amigas lo tienen y nos asegura que si se lo compramos estudiará todos los días...

En el segundo caso, rabietas-explosiones emocionales generadas por el cerebro inferior, la causa es un acontecimiento que impacta en el mundo del niño y le genera una sensación o emoción desagradable (enfado, miedo, frustración, rabia, cansancio, hambre etc.) que aún no ha aprendido a gestionar por sí solo.

Ejemplos que nos pueden ayudar a detectarlas:

° Nuestro hijo de 5 años está muy triste porque se ha roto su juguete favorito y no para de llorar y gritar.
° Nuestra hija de 11 años llega de la escuela y arremete, de forma desmedida, contra su hermana pequeña por no colocar “bien” el abrigo. Después nos enteramos que está enfadadísima porque su mejor amiga la ha dejado de lado.

Acciones para llevar a cabo

Una vez “clasificada” la rabieta en tipo 1 o 2, las acciones más eficaces a realizar en cada caso serían:

1. Rabietas generadas por el cerebro superior

Mantenernos coherentes, mantener el límite con cariño y respeto, si hemos dicho no, es no.

No ceder, mantener la calma y dar una breve explicación del porqué “no”, pasando después al “silencio positivo”, es decir, primero comunicar a nuestro hijo con cariño que comprendemos sus sentimientos y al mismo tiempo transmitirle que la respuesta a su petición es no: “Cariño, ya sé que te gusta mucho ese juguete y que te gustaría disfrutarlo ahora mismo, sin embargo, no lo vamos a comprar”

2. Cuando la explosión emocional está generada por el cerebro inferior, nuestra actuación tiene que ser muy diferente.

Nuestro hijo tiene las hormonas del estrés disparadas y casi ninguna parte del cerebro superior funciona plenamente, por tanto, es literalmente incapaz, al menos de momento, de controlar su cuerpo y sus emociones y de utilizar todas las aptitudes del pensamiento de orden superior como plantearse las consecuencias, resolver problemas o tener en cuenta sentimientos ajenos. Ha perdido los papeles. Da igual que tenga 6 o 15 años. La parte superior de su cerebro no está operativa.

La respuesta adecuada en este caso debe ser afectuosa y reconfortante. Las claves serán intentar conectar con el hijo y ayudarlo a tranquilizarse. A menudo eso se consigue con un contacto físico cariñoso y un tono de voz apaciguador.

En resumen, conocer el tipo de berrinche que está experimentando nuestro hijo, es fundamental para saber si lo eficaz en ese momento es mantener un límite con cariño y respeto o es acompañar a nuestro hijo en el proceso de sentir y liberar su emoción, para ayudarlo a recuperar el control de sus emociones.

 

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